Maldito cáncer.

Quédate,
no te vayas
yo te doy todo.
No busques más.
Soy el fuego
en tus noches,
el calor en tus días,
la pasión
que te quema.
El amor
que te consuela.
No te vayas …
Soy la luz de tu vida,
las estrellas de
tus madrugadas,
quien te escucha
llorar sobre la almohada.
Soy yo …
El dueño de tu alma.
No te vayas …
No encontrarás nada.
No hay nadie
capaz de quitar tu pena.
Nadie que pueda
traer tu sonrisa.
Sólo tú …
Tú tienes el poder
de lograr tus sueños.
Pero hay que luchar,
pelear con todas
las fuerzas a tu alcance.
No te vayas …
Estoy contigo,
saldremos adelante.
Tú y yo …
Juntos lo conseguiremos.
Pero …
No te vayas …
Quédate a mi lado,
batallemos y …
Venceremos.
No podrá con nosotros.
Nuestra fuerza es infinita
como nuestro valor.
Te venceremos
maldito cáncer!
No podrás arrebatarnos
las ilusiones,
ni conseguirás amilanarnos,
acabaremos contigo.
Siempre juntos.
Pero no te vayas …
Quédate conmigo …

M.M.S.

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Versos sin escribir.

Silencios rotos
por el sonido
de la lluvia.
Llanto que brota
del manantial
de tu sonrisa.
Besos que surgen
de la inconsciencia,
porque no sé
si estoy dormida
o despierta.
Abrazos robados
en el último minuto
de nuestras vidas.
Versos que nunca
se escribirán
porque nuestra historia
no tiene final.
Será un cuento inacabado,
un texto sin igual,
un sueño inalcanzable
como la pura realidad.
Seremos mentiras
pasajeras
de una absurda verdad.
Un amor clandestino
que nadie conocerá.
Sólo nosotros
y el reloj
que marca
las horas pasar.
Seremos segundos,
minutos eternos …
¡Qué barbaridad!
Sólo nosotros,
¿para qué nadie más?
Ellos no lo entenderían,
un amor eterno
no es normal.
¡Estoy loca!
Les gritaré.
Y ya no podré más.
Se enterarán de todo
este horrible vagar.
Y no puedo ni quiero
explicarles
hacia donde nuestro
amor nos llevará.

M.M.S.

Otoño teñido de invierno.

Éramos,
ramas quemadas
por el fuego
de nuestro infierno.
Fuimos derrotados
por el orgullo
de nuestros
propios sentimientos.
Ahora somos hojas
movidas por el viento,
en un otoño
que se tiñe de invierno.
Barquillas sacudidas
por un mar oscurecido,
en lo más profundo del averno.
Seremos partes de un todo
roto en mil pedazos
y recompuesto.
Jarrones caídos
y unidos
por algún pegamento.
Pero siempre
se verán las heridas,
los jirones que quedaron
en nuestros cuerpos.
No habrá nada
que una esas grietas
que quedaron por siempre
en los versos.
Aquellos que no se escribieron,
los que sabían
de estos besos.
Besos que quemaban
en los labios
y esparcíamos
por el universo.
Todo murió
siendo víctima de los intentos.
¿Te acuerdas?
Yo no quiero acordarme,
no quiero más dolor
ni sufrimiento.

M.M.S.

Él

Removió su café un martes por la mañana, mientras aspiraba su aroma, recordaba aquella casa donde fue inmensamente feliz. No podía seguir engañándose, aquel aroma, siempre le recordaría a él. Habían pasado algunos años desde que se separaron, pero su perfume la perseguía. Dolía tanto recordar aquellos momentos… El día no ayudaba. Las gotas de lluvia salpicaban los cristales y caían como lágrimas derramadas. Sonó el timbre de la puerta, sacándola de su ensoñación. Siempre que tomaba café le ocurría lo mismo. Al abrir la puerta, estuvo a punto de caer. Allí estaba él, con una rosa en la mano, igual que aquella primera vez que se vieron…
M.M.S.

Ojalá pudiera.

Ojalá
pudiera mirarte,
como lo hago cuando
te encuentro.
Ojalá
pudiera sentirte,
como lo hago cuando
te pienso.
Ojalá
pudiera abrazarte,
como lo hago cuando
te sueño.
Ojalá
pudiera besarte,
como lo hago
en mis adentros.
Ojalá
pudiera amarte,
como lo hago cuando
te siento.
Ojalá
pudiera olvidarte
pero no puedo,
por mucho que
lo intento.
M.M.S.

Ojos negros.

Era un martes frío y luminoso de septiembre y los relojes estaban dando las trece. El instinto la hizo mirar hacia atrás y allí estaban aquellos ojos negros, clavados en los suyos. Algo le decía que huyese, pero el corazón le ordenaba que se quedase unos instantes más. Aquel rostro le resultaba familiar, pero no acertaba a recordar. Desprendía un halo de tristeza, nostalgia. De repente, el desconocido se acercó y la llamó por su nombre. En ese momento, se le erizó la piel.
M.M.S.

Cuéntale…

Si lo ves,
cuéntale cómo
lo echo de menos,
dile cuánto lo necesito,
recuérdale nuestros besos.
Si lo ves,
amiga,
explícale…
Explícale lo que siento.
Si lo ves …
Tantos años a su lado
y sin verlo.
Ahora, lo pienso,
porque quiero verlo
y no puedo.
Y te digo que si le veo…
Pero no, no puedo.
No puedo verlo
aunque siento,
a mi lado,
su aliento, su perfume,
mi alimento.
Si lo veo…
Pero no puedo …
Y mira que quiero
irme con él.
¡Hasta lo deseo
y lo intento …!
Pero no puedo …
Estas cadenas me atan
y a verme libre
no llego.
Y yo quiero irme
contigo
hasta tu cielo.
Pero no puedo …
Ven a buscarme,
llévame a tu reino…
Ese lugar donde no existe
el tormento.
Donde todo es paz,
felicidad y amor eterno.
Llévame …
Llévame contigo…
Todo el tiempo.
M.M.S.

Nosotros.

Me miraste y tus ojos me dijeron lo que tus labios habían callado tanto tiempo. Aquellos segundos me parecieron eternos, tu vista fija en mí. Notaba tu mirada en mis ojos, luego en mis labios y vuelta a mis ojos. Nos separaba una sala llena de gente, pero yo sentía que estábamos solos tú y yo. Nosotros. Sonaba bien decirlo. Después de tantos años sin vernos, los sentimientos afloraron de nuevo. ¡Qué importaba de quién fue la culpa! Aquí estábamos , sólo teníamos que dar unos pasos para estar juntos. ¿Te atreverías? ¿Cruzarías la sala? Te perdí de vista, te escabulliste entre la gente, como lo hiciste aquella vez. No me permitiste una explicación y ahora… Sentí tu aliento en mi cuello y me di la vuelta lentamente, sabía que estabas detrás mía. Podía percibir tu perfume, el calor de tu cuerpo… Nuestros ojos quedaron frente a frente, hablaron nuestros corazones, esos que por orgullo fueron heridos. No hubo necesidad de palabras ni explicaciones.
M.M.S.